Bachelet: “La región misma es un activo” ante los cambios del escenario internacional

Michelle Bachelet, copresidenta de la Comisión sobre Geopolítica, Globalización y Desarrollo para América Latina y el Caribe, destacó que América Latina y el Caribe cuentan con activos estratégicos que aún no son aprovechados en su máximo potencial y que adquieren un renovado valor ante el nuevo contexto geopolítico.
La representante del organismo internacional señaló que estos activos pueden clasificarse en grandes categorías, comenzando por la abundante dotación de recursos naturales, que incluye energía limpia y combustibles fósiles, una enorme capacidad para la producción de alimentos, ecosistemas de gran biodiversidad y reservas considerables de minerales críticos, sobre los cuales existe actualmente una agresiva competencia global.
Bachelet sostuvo que la riqueza de la región no se encuentra solo bajo el suelo y en la tierra, sino también en su gente y sus industrias.
“América Latina y el Caribe tiene capacidades productivas, humanas y financieras que merecen ser valoradas en su justa dimensión y en su gran potencial”, afirmó.
Explicó que en la región existen clústeres productivos de primer orden, por ejemplo, en la producción de vehículos y dispositivos médicos, además de industrias creativas de alcance mundial que abarcan desde la moda hasta los videojuegos.
También destacó los ecosistemas de empresas emergentes y tecnologías de frontera, que, a su juicio, aún pueden alcanzar mayor escala, así como la existencia de un sistema de banca de desarrollo, redes de diáspora que pueden articularse para la productividad y la población más educada que haya tenido la región.
“La región misma es un activo”, afirmó Bachelet, al destacar que América Latina y el Caribe constituyen un mercado de más de 660 millones de personas, con una variedad de mecanismos de integración y cooperación y con posibilidades de aumentar su integración económica.
También resaltó la influencia política de la región, al señalar que es un territorio libre de guerras entre Estados y de armas nucleares, con una tradición histórica de participación en la diplomacia y el diálogo internacional.
Bachelet agregó que la región posee un poder blando con importantes impactos económicos, políticos y sociales.
“Nuestra diversidad, nuestro patrimonio cultural, la visibilidad que tiene la región en el mundo, nos da una influencia que debemos saber aprovechar”, expresó durante el cuadragésimo primer período de sesiones de la CEPAL.
Señaló que esa influencia va más allá de la presencia de los restaurantes mexicanos o peruanos en distintas partes del mundo, o de la música dominicana y colombiana en las pistas de baile, y sostuvo que emana de la existencia de una identidad latina y caribeña reconocida y, en muchos aspectos, celebrada a nivel mundial.
Las rupturas que enfrenta el mundo
Bachelet también abordó las transformaciones que enfrenta el escenario internacional y explicó las principales rupturas identificadas por la Comisión.
La primera, dijo, es la reconfiguración de la globalización. Explicó que la economía mundial pasó de una etapa de hiperglobalización, en la que se celebraba la interdependencia y se organizaban las cadenas globales de valor en búsqueda de eficiencia y minimización de costos, a una nueva fase en la que existe desconfianza hacia la interdependencia y prevalecen objetivos de seguridad nacional, energética, alimentaria y tecnológica.
Añadió que la interdependencia también se instrumentaliza como mecanismo para ejercer poder e incluso coerción.
La segunda ruptura, que calificó de especial preocupación, es la erosión del multilateralismo y la reconfiguración de la gobernanza global.
Explicó que el sistema multilateral surgido después de la Segunda Guerra Mundial nunca fue perfecto ni completo, pero aspiraba a la universalidad, al predominio de reglas mutuamente acordadas y al respeto de los derechos humanos.
“Ese sistema está siendo hoy cuestionado”, afirmó.
Bachelet señaló que surge una gobernanza más fragmentada, con alianzas selectivas y bloques que compiten entre sí, mientras que, ante la ausencia de un actor central que sostenga el andamiaje multilateral, proliferan arreglos paralelos, geometrías variables y formas fragmentadas de gobernanza.
La tercera ruptura corresponde, de acuerdo con Bachelet, a la transición de un sistema unipolar liderado por Estados Unidos hacia una redistribución progresiva del poder y una competencia multipolar asimétrica, marcada por la rivalidad entre Estados Unidos y China y por una distribución más diversificada del poder económico, tecnológico y político, incluida la influencia de grandes empresas multinacionales.
Como consecuencia de este escenario, señaló que también cambia el poder blando de las potencias.
“La influencia internacional depende cada vez más de la capacidad de atraer, proyectar legitimidad y construir presencia simbólica”, sostuvo.
Explicó que, de acuerdo con varios índices presentados en el reporte, en años recientes ha disminuido el poder blando de Estados Unidos y ha aumentado el de China.
La quinta ruptura identificada por la Comisión es el deterioro sostenido de las instituciones democráticas, con restricciones a las libertades civiles y políticas, una creciente polarización política, desconfianza institucional y mayor apertura social a alternativas no democráticas.
A esto, agregó, se suma la sexta ruptura: el avance de la desinformación y la crisis de la verdad, que está afectando el debate público y la capacidad de las sociedades para construir una lectura compartida de la realidad.
Bachelet explicó que la lógica algorítmica y el uso malintencionado de estas herramientas alimentan la desinformación y la polarización política, además de aumentar la capacidad de actores estatales y no estatales para influir en la opinión pública mundial.
La séptima ruptura, explicó, fue incluida por iniciativa de algunos miembros de la Comisión, incluida ella, y corresponde al retroceso en materia de derechos de la mujer y de igualdad de género.
“Creo que el retroceso en materia de derechos de la mujer y la igualdad de género es parte esencial de lo que está ocurriendo, y uno de los principales riesgos al desarrollo humano que hemos registrado en las últimas décadas”, afirmó.
Por último, Bachelet destacó como otra ruptura el fin de un consenso mundial en torno al cambio climático y la necesidad de abordarlo.
Aclaró que esto no significa que el consenso haya sido absoluto ni que actualmente haya sido abandonado por completo, debido a que muchos países y gobiernos nacionales y subnacionales continúan impulsando y profundizando sus agendas climáticas.
Sin embargo, señaló que existe un deterioro del acuerdo generalizado en torno a este reto, que, junto con el adecuado manejo de la inteligencia artificial, constituye uno de los principales desafíos que enfrenta la humanidad en la actualidad y demanda coordinación y acción colectiva.
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