Lo que le falta a The Social Reckoning, la secuela de La red social de Sorkin

Dieciséis años después de La red social, Aaron Sorkin regresa al universo de Facebook con The Social Reckoning, una película que llega a los cines el 9 de octubre y que, según la crítica de Variety, demuestra que el guionista tenía razón sobre Mark Zuckerberg. El problema es que, esta vez, el público ya conoce el final de la historia.
El drama narra cómo el periodista del Wall Street Journal Jeff Horwitz, interpretado por Jeremy Allen White, y la denunciante Frances Haugen, a la que da vida Mikey Madison, destaparon el apoyo algorítmico de la plataforma a grupos extremistas y los efectos nocivos de Instagram sobre los jóvenes. Aquella investigación dio lugar a la serie de reportajes conocida como The Facebook Files, publicada en 2021.
La película abarca los años entre 2019 y 2021 y concluye con el testimonio de Haugen ante el Comité de Comercio del Senado de Estados Unidos. Es, en esencia, un homenaje al periodismo de investigación tradicional y a la idea de que la verdad puede plantar cara al poder.
Una historia que llega con retraso
La gran diferencia con su predecesora es el contexto. Si La red social se volvió más premonitoria con el paso del tiempo, The Social Reckoning transmite la sensación de llegar demasiado tarde. En 2026, con Facebook todavía convertido en un foco de desinformación y la inteligencia artificial cambiando las reglas del juego, el triunfo provisional que celebra la cinta resulta poco satisfactorio.
El filme arranca con un prólogo ficticio en el que una joven, Kayleigh (Portia Doubleday), se enfrenta con insultos racistas a dos policías y sube el vídeo a un grupo supremacista de Facebook. Haugen, gerente de producto del equipo de integridad cívica de la compañía, descubre que se trata de una antigua amiga. A partir de ahí, la protagonista comprueba que el 64% de los miembros de grupos extremistas llegaron a ellos por las recomendaciones de la propia plataforma.
Jeremy Strong, un Zuckerberg difícil de descifrar
El guion alterna la investigación conjunta con la preparación de Mark Zuckerberg, encarnado por Jeremy Strong, para su comparecencia ante el Congreso, marcada por el asalto al Capitolio. Le acompañan Bill Burr, como un exempleado reconvertido en consultor escéptico, y Wunmi Mosaku, como gestora de crisis, mientras Betty Gilpin interpreta a la exigente jefa de Horwitz.
Para la crítica, la interpretación de Strong es difícil de comprender: si Jesse Eisenberg dibujó en La red social a un joven sociópata, aquí Zuckerberg aparece emocionalmente reprimido hasta el absurdo. Madison y White, en cambio, sostienen con convicción una dinámica de tira y afloja que funciona casi como una comedia romántica sin romance.
El mayor vacío, sin embargo, es la ausencia de David Fincher. Aunque Sorkin repite con el director de fotografía Jeff Cronenweth, no logra la atmósfera inquietante de la original. Tampoco ayuda la banda sonora de Alexandre Desplat, que oscila entre la imitación de Trent Reznor y Atticus Ross y unos temas orquestales más luminosos. Con Sorkin tras la cámara se impone el idealismo de El ala oeste de la Casa Blanca y El juicio de los 7 de Chicago, y el resultado es una película correcta, pero menos humana, sincera y conectada que la que le dio origen.
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